MANOLO GIL Y LA HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO DE ARAGÓN

MANOLO GIL Y LA HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO DE ARAGÓN
 
Dedicado a Esperanza Martínez, su compañera, y a Vladi, hijo de ambos.
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Se nos ha muerto Manolo Gil. Como decía mi difunta madre (por supuesto, antes de morir), lo misterioso no es que muramos, sino que hayamos nacido. De modo que no me parece precisamente misteriosa la muerte de Manolo ni la de ningún ser, por más que me dé una pena terrible saber que ya no está vivo. Ese tipo de pena que me da saber que ya murieron muchas personas que son (no que fueron: que son) importantes en mi vida, que contribuyeron a que me hiciera como soy (a pesar de no haber sabido aprender todo lo que hubiera podido aprender de ellas) es un tipo de pena que me resulta imposible superar (si es que hubiera que hacerlo) y también expresar. De modo que ni lo intentaré.
 
Otra cosa es hablar de lo que significó una persona como Manolo Gil para miles personas a lo largo de toda su vida, muy especialmente durante los durísimos años de la lucha antifranquista, años en los que se distinguió como líder de los obreros del Metal en Zaragoza. Militante del PCE y precursor de las CCOO, Manolo entregó lo mejor de sus esfuerzos, en las fábricas, en las reuniones, en las asambleas e incluso en la cárcel, a la defensa de los derechos de los trabajadores de nuestro país. Eso convierte su persona en una figura pública sobre la cual puede y debe investigarse y de la cual pueden y deben difundirse sus actos.
 
Algo de eso intentamos él mismo (consciente de la relevancia de su tarea y superando una notable y casi insuperable modestia) y yo (empeñado en que fuera quedando constancia escrita de tantas biografías) cuando preparamos y publicamos el libro “Recuerdo rojo sobre fondo azul”, en el que recogíamos una larga entrevista (en realidad, una larga serie de entrevistas) sobre sus vivencias y experiencias. Ese libro, en el que comenzamos a trabajar en 1981, se publicó en 1995. Manolo, nacido en 1927, daba cuenta en él de sus recuerdos hasta 1977, año de la legalización del PCE.  Cincuenta años de su vida, cuarenta bajo la dictadura. A ambos nos pareció que ése era el tope cronológico que debíamos respetar, pues lo que queríamos era difundir las condiciones de vida y de lucha de la clase obrera zaragozana en la España del franquismo.
 
Por supuesto, no era Manolo Gil la única persona que “merecía” una atención como la que se le prestaba en aquella entrevista. Muchos más obreros del metal, camaradas y compañeros de su generación, y aun mayores, hubieran dado material vital para muchos libros semejantes. Por sólo citar a algunos que me vienen a la memoria citaré a Rafael Casas, Ramón Górriz, Manuel Machín, José Luis Navarro, Isidro Pradal, Alejandro Flor de Lis, Jesús Gamboa… y me dejo a varias docenas más de hombres y mujeres a quienes conocí a lo largo de los años de mi propia militancia comunista durante los setenta del siglo pasado. En las siete páginas del “Índice onomástico” de aquel libro aparecían citados la mayor parte de quienes hubieran podido ser objeto de una atención  similar. No reproduzco aquí esa lista porque ya está allí para quien los quiera ver. Lamentablemente, muchos de ellos han fallecido también.
 
El caso es que Manolo siguió vivo durante muchos años más, hasta este mismo septiembre de 2014: casi cuarenta años más de los que reflejaba el libro citado. Y no sólo siguió vivo, sino que siguió en activo casi hasta que le fallaron las fuerzas definitivamente. Siempre me he preguntado por qué nadie volvió a preguntarle sobre su vida, por qué nadie investigó en instituciones ya accesibles y documentó  la vida de Manolo Gil hasta el más mínimo detalle registrado en todo tipo de archivos.  Y no sólo la vida de Manolo Gil, sino la de tantas y tantas personas que lucharon durante tantos años por traernos un mundo mejor. Por mi parte, me siento muy honrado de haber conseguido aportar mis energías a la realización y publicación de un libro autobiográfico del otro gran dirigente sindical del PCE y de CCOO de Aragón, Floreal Torguet, éste de la rama de la Construcción, la otra más importante de la vida sindical de nuestro territorio: su “Construir la Libertad” (2012) es también un relato de las vicisitudes de un hombre comprometido con su tiempo, sin pretensiones de dar por sentado que lo que él recuerda sea la verdad, sólo la verdad y toda la verdad, pues lo único que somete a juicio público es la expresión libérrima (como en el caso de Manolo Gil) de su vivencia personal.
 
No me olvido de la encomiable tarea que durante algunos años realizó un equipo de profesores encabezado por el historiador Herminio Lafoz, cuyo resultado, la colección “Los Cuadernos de Clase” del Seminario de Fuentes Orales del IES Avenpace debería conocerse mejor. No me olvido de las docenas de grabaciones en vídeo que promovidas por la Fundación 1 de mayo de CCOO se realizaron más de una veintena de militantes “históricos”  del sindicato (y que no parecen haberse consultado mucho).  Tampoco me olvido de la labor de documentación que algunos militantes del PCE de Aragón realizaron al amparo de la Ley de la Memoria Histórica, solicitando, consiguiendo y custodiando desde entonces, en soporte digital, datos importantes sobre la vida de docenas de militantes represaliados. Por supuesto, tampoco me olvido de las publicaciones muy diversas en las que se hace alguna referencia, más o menos de pasada, a la lucha sindical bajo el franquismo en Aragón. Tampoco me olvido de dos libros en los que sus autores han tratado de recoger una especie de historia colectiva de todas aquellas personas vinculadas a la lucha sindical. Ambos aparecieron con pocos meses de diferencia y realmente, aunque lo parezca, no son muy diferentes entre sí. Me refiero a los que publicaron el sindicalista Miguel Ángel Zamora y el profesor universitario Alberto Sabio. El primero pretende ser una “historia oficial” de CCOO de Aragón cuando no es sino expresión de una visión suya personal sobre personas y hechos aderezada con un acarreo de documentos que constituye seguramente su más estimable aportación, y el segundo hace una criba personal, no consigo valorar cuánto de arbitraria ni por qué, de la muy especial documentación a la que pudo acceder (fichas policiales del antiguo Gobierno Civil y las citadas grabaciones), con lo cual todo lo expuesto queda entre lo cierto y lo dudoso, bastante deformado a juicio de las propias personas que han visto allí citadas parte de sus palabras o se han visto de una u otra forma mencionadas o reflejadas en sus páginas.
De lo que tampoco me olvido es de que desde 1995 (por volver a la fecha de la publicación de aquel ya remoto libro sobre la vida de Manolo Gil) ningún historiador profesional (salvo el citado Alberto Sabio) ha dedicado sus conocimientos profesionales para trabajar en la publicación de textos sobre la historia del movimiento obrero de Aragón. Y me refiero también a historiadores que han sido militantes del PCE o de CCOO.  La presencia de algunos, y sus colaboraciones en algunos  encuentros y congresos organizados por la Fundación 1º de Mayo, no han dado paso a trabajos de enjundia en los que hayamos podido aprender mucho más sobre la lucha obrera en Aragón.
 
Desde luego, es evidente que ningún historiador profesional ha tomado la vida de Manolo Gil como objeto de estudio y ha indagado a fondo sobre cada una de las facetas de las que él mismo habló (profesional, sindical, política, judicial, carcelaria, etc.) y sobre las nuevas  facetas de su vida que desarrolló durante esos otros casi cuarenta años de su vida activa, muy activa. Y a estas fechas me veo en la tesitura de responder al requerimiento de Juan Soro, director de la revista en la que este texto se publica, para Homenajear a  Manolo Gil (lo que siempre será un honor), porque al parecer no hay historiadores que se pongan a la tarea (lo que es motivo de notable cabreo).
 
A  un mero aficionado como yo no le cabe en la cabeza que desde las cátedras de Historia Contemporánea o de Historia Económica de la universidad de Zaragoza, o desde instituciones diversas vinculadas directamente con nuestra vida universitaria, no se hayan programado pasos serios y constantes en la documentación de las condiciones de vida de la clase obrera aragonesa.  Como tampoco se han dado en la historización de los intríngulis de las grandes empresas del Metal y de la Construcción aragonesas del siglo XX. Acaso una y otra cosa tengan algo en común.
Estoy seguro de que estas líneas, escritas en un tono en el que no me gusta escribir, no se considerarán “de recibo” allí donde nunca se han recibido con atención peticiones de  apoyo científico en la dirección arriba indicada o han pensado que sus tareas eran otras. Es más, seguramente habrá profesionales aragoneses de la Historia Contemporánea que recordarán inmediatamente alguna de sus publicaciones y sacarán la conclusión de que sencillamente quien esto suscribe no las ha llegado a conocer. Me sorprendería muy gratamente que en un próximo número de esta revista pudiera publicarse una exhaustiva bibliografía sobre el movimiento obrero aragonés que desmintiera mis opiniones aquí expuestas. Entre tanto, me ha parecido que el mejor homenaje a Manolo Gil que podía hacer ahora mismo era hacer pública esta denuncia personal de lo que considero un interesado desinterés por la letra grande y por la letra menuda de la vida de tantas y tantas personas que trabajaron en tajos, minas y fábricas de Aragón durante el franquismo y que lucharon por conseguir unas condiciones laborales y políticas en las que la vida fuera más vivible para sus compañeros del momento y para quienes llegaran detrás de ellos.
 
En Zaragoza, a 4 de noviembre de 2014
Javier Delgado

REALIDAD E IZQUIERDISMO

REALIDAD ACTUAL E IZQUIERDISMO DESFASADO

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Hacemos análisis sobre los resultados electorales en Andalucía, sobre la situación de IU y de Podemos y lanzamos reiteradas propuestas de unidad de la izquierda. El problema que no  abordamos es por qué está como está (de mal), nuestra sociedad actualmente y por qué se abstiene o vota lo que vota. Creo que el optimismo de fondo de muchos es infundado y que evita mirar hacia las raíces de la situación actual de las clases populares y de las organizaciones populares de nuestro país, que no han registrado sino lo más aparente y superficial de los vertiginosos cambios que ha experimentado nuestra sociedad en los comienzos del siglo XXI y que no han adaptado sus formas de organización ni de acción a la más lúcida y fluida vivencia de los individuos de hoy día.

 

La situación real de la vida cotidiana de la mayoría de la población se ha analizado con las orejeras y esquematismos de grupos ahítos de un voluntarismo y un “vanguardismo” absolutamente estéril, pese a que de su propia esforzada práctica cotidiana podrían extraer una visión más acorde con la realidad que tratan. El PCE y IU (muy influida por él), se dejó llevar cada vez más hacia un izquierdismo solo comparable al del PCE de los años 20… y al de grupos izquierdistas nacidos a finales de los años 60.

 

Por otra parte (no de la parte de PCE o IU), surgió el 15 M. Y luego las “mareas” y las “marchas”, el uso de las redes sociales y la cibermovilización. Y todo el mundo se apuntó, evitando rechazar acciones violentas de grupos incontrolados e incluso intentando “gamonalizar” la vida política en un viaje a ninguna parte. Luego, en cuanto se atisbó el horizonte electoral, de la “insurrección”, de la movilización constante y de la convocatoria diaria de asambleas de todo tipo, se pasó al tacticismo entre las cúpulas de formaciones que descubrieron súbitamente, unas en las otras, que estaban literalmente llenas de mala gente mal avenida, de la que no se podía esperar sino maldades sin cuento. Y nació Podemos.

 

A algunos nos ha dado la impresión de que estuvimos saliendo a la calle para que ese grupo nuevo, Podemos, aprovechase aquella novedad en su solo y propio beneficio y se proclamase ungido adalid de la más absoluta modernidad… y exclusividad. Pero ahora comienza a dar la impresión de que en ese partido no hay mucho de nuevo: ni en su discurso, ni en sus métodos, ni en su organización, ni en sus análisis de la situación, que se parece al que ahra ya domina en el PCE y en IU y dominaba hace 40 y 30 años en grupos como el MCE, en el PTE, algunos de cuyos viejos dirigentes, por cierto, han entrado a formar parte del entramado y de las candidaturas de Podemos.

 

¿Puede la mayoría de la población de este país aprovechar algo de toda la retórica “revolucionaria” que se exhibe en estos momentos? ¿Puede sentirse reflejada en los programas de la izquierda? ¿Puede ver sin escepticismo los ambiciosos objetivos electorales que se plantean? ¿Puede acudir en tromba a votar a sus candidaturas?
La realidad se impone. Ningún izquierdismo hará cambiar una realidad que no se quiere o no se sabe o no se puede analizar con ciencia y no con autocomplacencia. Y así andamos. Y parece que seguiremos andando. Porque no apetece saber realmente qué hace que la mayoría social que podría promover y hacer suyos los cambios necesarios para la mejora de sus condiciones de vida esté como está y actúe como más le convendría.