NOSOTROS. CAPÍTULO 6: REUNIONES

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A Buenaventura le gusta la revolución no las reuniones de los revolucionarios mucho menos las reuniones de los amigos de la revolución nada las reuniones de los enemigos de la revolución le gustaba pensar y actuar quedar con camaradas para tal o cual acto mejor en la calle que en la universidad mejor con mucha gente que con cuatro gatos mejor que toda la ciudad se enterase que la cosa quedara en un gusto capricho de unos jóvenes airados con razón a la una y media de un mediodía turbio de clases palabras manuales bedeles fluorescentes serrín en los lavabos humedad en los pies a Buenaventura le gusta la revolución poner todo patas arriba no sólo la economía no sólo la sociedad no sólo sino mucho más todo la vida entera y mucho más colores sonidos sabores olores tactos revolución dentro y fuera y con Wilhelm Reich mucha mucha revolución sexual.
Con estos del pecé parece que algo se puede hacer están organizados preparados llevan años saben lo que quieren estudian proponen actúan sin cesar uno puede acercarse y decirles quiero hacer la revolución con vosotros qué hay que hacer el del cartel movió la cabeza se puso al lado cogió el celo que le daba y acabó de pegar el cartel con él ¿ya era uno de los suyos? En realidad no le contestó el otro no lo eres pero como si lo fueras puedes serlo ya estás fichado ese bedel te ha visto conmigo poniendo el cartel para él ya eres un comunista qué te parece jajajaja le parecía bien.
Entonces fue lo de las reuniones eso no le gustaba reuniones cada dos por tres informes debates propuestas responsables finanzas organización y otra vez y otra vez y otra vez eso era lo que más cambiaba la vida de los comunistas las reuniones ¿cambiaría el mundo a fuerza de reuniones?
¿Reunirse para qué? Ésa fue la pregunta de Lenin tan mal traducida y peor comprendida. Lenin sabía para qué se reunía cuando no estaba jugando al ajedrez los peones humanos eran muchos millones y en abril él lanzó sus famosas tesis de idem sin muchas reuniones en el tren en abril Buenaventura no iba en tren ni llevaba unas tesis en ningún cuaderno ni estaba con los alfiles caballos torres y esa reina que Lenin sacrificaba sin pestañear si sobre su cadáver podía hincarse la bandera roja jugaban contra las blancas unas blancas muy bien armadas por los humanitarios gobiernos de medio mundo Buenaventura ese abril estaba entre las zanjas de la ciudad universitaria trincheras para cables y tuberías y era ya mediodía y hacía un notable calor y con él estaba la camarada del abrigo azul con el abrigo al brazo y se miraban y ella le dio su carnet de identidad para que una camarada desconocida lo utilizara en un viaje al fin del mundo y vuelta Buenaventura se quiso sentar y hablar con esa chica caladita muy activista con cara de ángel y blasfemias muy gordas en la voz así que se sentó la chica se le quedó mirando también miró alrededor las obras esas zanjas en esos momentos sin obreros y se sentó junto a él y él le dijo Bajamos abajo y estaremos más frescos y ella fue la primera que saltó al fondo más oscuro de piedras y más fresco desde allí veían un rectángulo de cielo la tumba más bonita para ti le dijo y ella sonrió y por fin se besaron se besaron mucho y a Buenaventura las manos se le iban a todos los rincones de aquel cuerpo tan blanco y tan suave a todas las ternuras de su piel acabaron allí medio desnudos cada cual con su gusto y ambos con el del otro y entonces una voz arriba una cabeza ¡Pero qué hacéis ahí! Miraron como si tal cosa no fuera con ellos como si no se pudiera ver nada de todo lo que se les veía sonrieron la cabeza desapareció dando voces a otros compañeros cuando llegaron ya estaban ellos dos en otra zanja invisibles contentos y aprendieron así a luchar esa guerra en esas trincheras muchos mediodías de un abril tan radiante y decidieron que se hacían novios el día que follaron tres veces seguidas con el olor de la tierra mojada entrándoles por la nariz. Con el cordón de un zapato hizo Buenaventura dos anillos negros uno para su dedo y otro para el de su novia que vio diamantes rubíes esmeraldas plata y todos los brillos que se pudieran ver. Te quiero toda. Te quiero todo. Mi amor. Mi amora. Besos y besos no había ya nada más que decir. Era guapa lista dulce fogosa valiente y quería destruir el capitalismo monopolista de Estado. Además.
Con su nueva novia pudo hacer muchas cosas en las calles de la ciudad dejar escritas las frases que llamaban a la lucha los símbolos que les daban la credibilidad algunos dibujos añadidos entre risas y además iban con ellos muchas veces otra pareja muy divertida muy enamorada guapos los dos con una gracia especial y entre los cuatro se lo montaban estupendamente más allá de lo que se decía o no se decía en las reuniones del partido si fuera por eso estarían todo el rato metidos en garitos hablando entre conspiradores manejando asambleas o dando las últimas noticias del Mundo Obrero como quien da la hora entre clase y clase lo cual tampoco estaba mal pero era muy aburrido muy aburrido Buenaventura escapaba de la rutina y ahora tenía buena compañía la única cuestión era que de sus correrías no se enterasen los jefes de las tres células, eran cuatro militantes: dos de Ciencias, uno de Filosofía y una de Magisterio y aún se les juntaba de vez en cuando uno de Medicina también con su novia que no era del partido con ésos ya eran seis esa revolución por su cuenta y riesgo era más divertida ¡ni comparación!
Fueron días y noches de alegre camaradería estudiar reunirse poner carteles pintar con espráis ir al cine a recitales al teatro pintar con espraís follar contar chistes beber horchata leer poemas novelas cuentos hacer crucigramas dormir correr por los parques columpiarse tocarse tocarse más mirar escaparates comer fresas con nata follar ir en tranvía en autobús en trolebús ir al monte dormir en el monte volver a clase dormir en clase preguntar en clase irse de clase levantar la mano en asambleas intervenir en asambleas no intervenir en asambleas poner carteles follar reunirse fueron días y noches de alegre camaradería estudiar reunirse poner carteles pintar con espráis ir al cine a recitales al teatro pintar con espraís follar contar chistes beber horchata leer poemas novelas cuentos hacer crucigramas dormir correr por los parques columpiarse tocarse tocarse más mirar escaparates comer fresas con nata follar ir en tranvía en autobús en trolebús ir al monte dormir en el monte volver a clase dormir en clase preguntar en clase irse de clase levantar la mano en asambleas intervenir en asambleas no intervenir en asambleas poner carteles follar reunirse fueron días y días.

Hasta que un jefe les llamó la atención.
Las famosas medidas de seguridad.
(continuará)