ESCUDO DE LADIPUTACIÓN DEL REYNO DE ARAGÓN. 1445-1455. MUSEO DE ZARAGOZA

En el Museo de Zaragoza se custodian dos grandes obras de arte: los escudos del Reyno de Aragón, fabricados entre 1445 y 1455. En ellos, además de las figuras heráldicas, pueden verse imágenes del reino vegetal y animal, elegante ornamento. Tales figuras (entre las que hojas de roble, de cardo y de col rizada, además hay perros, nutrias, liebres, búhos, simios…) tienen un sentido en el lugar que ocupan. Acaso están aludiendo a dos realidades de a vida: la caza de unos eres a otros más débiles y también los lazos solidarios entre seres del mismo grupo. En todo caso, la atención en ellos, la comparación de estas obras con otras contemporáneas y la documentación al respecto puede que un día nos desvelen claramente el sentido de estas extraordinarias obras de arte.

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En la imagen vemos a un Búho defenderse del ataque de un gato montés

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En esta imagen vemos hojas de cardo

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En esta imagen vemos la corona realzada con hojas de col rizada

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En esta imagen vemos la cabeza del dragón

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En esta imagen vemos a un perro que ha cazado un ave acuática

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En esta imagen vemos a un simio con una piña entre sus manos

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En esta imagen vemos a una nutria que ha cazado un pez

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En esta imagen vemos a una zorra que ha cazado un gallo

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En esta imagen vemos hojas de roble

HOMENAJE A LA REMOLACHA

Remolachas en el dintel de la puerta de casa de La Figuera, Paseo de Sagasta, 40 (Zaragoza)

Remolachas en el dintel de la puerta de casa de La Figuera, Paseo de Sagasta, 40 (Zaragoza)

HOMENAJE A LA REMOLACHA

Cuando el arquitecto Luis de la Figuera y Lezcano construyó en 1911 la casa que sería para su hermano Antonio diseñó todo un programa iconográfico en el que la gloriosa historia de su familia se expresara tan pública como discretamente. De esa forma, la fachada del número 42 (hoy 40) del paseo de Sagasta mostraría suficientes elementos botánicos que remitían al pasado familiar.
Por supuesto, las hojas de higuera (Ficus carica), en el origen del apellido la Figuera desde el siglo XIII, lucirían al sol de las mañanas. También las hojas del palmito (Chamaerops humilis) asoman en sus balcones en recuerdo de los múltiples viajes que hizo su amigo Felipe Almech Falcón a Cuba y Filipinas para dirigir allí sus empresas de azúcar y tabaco. Almech, primero amigo y posteriormente pariente (al unirse los Gerona Almech con los de la Figuera Lezcano), sería un gran impulsor de la agricultura remolachera en Zaragoza y creador de su propia industria azucarera en las comarcas de Alagón, Épila y Calatayud.
Hay más especies botánicas (rosas, enredaderas, sarmientos…) representadas en esa fachada, que se embellece también con cerámica de alegres motivos mudéjares y con un sabio tratamiento ornamental de la ordenación del ladrillo.
Pero el elemento vegetal de mayor importancia que se “entronizó” en el edificio fue una planta con la que la familia hiciera en su momento una gran fortuna: la remolacha (Beta vulgaris) que produce una gran raíz (de casi 2 kg) de almacenamiento, cuya masa seca es de 15-20% en peso de sacarosa. En 1911 la industria azucarera zaragozana estaba en pleno esplendor.
No es de extrañar que fuera nada menos que en el dintel de la puerta principal del edificio donde se exhibieran sendas brillantes raíces de remolacha, empenachadas con sus hojas, como artístico recordatorio de cuanto la familia debió a esa planta. Figuración extremadamente cuidada para que ahí quedase inscrito para siempre un hito de la vida familiar que también lo fue de la actividad económica local.

Este es otro ejemplo de que la iconografía vegetal casi nunca se utiliza arbitrariamente: razones muy concretas incitan al artífice a diseñar cuidadosamente su presencia no sólo en obras de arte religioso sino también en obras laicas de muy diverso signo. Las fachadas de cientos de edificios de nuestras ciudades nos están mostrando mensajes precisos sobre la vida de aquellas familias para las que se erigieron. En nuestros ojos y en nuestra curiosidad está la capacidad de recibirlos.

REVISITAR LA CIUDAD

La vida  en la ciudad, cuando es continuada, cuando llevamos muchos años transitando las mismas  calles,  atravesando las mismas  plazas, recorriendo trayectos similares, puede hacernos olvidar la naturaleza que nos rodea en esas vivencias cotidianas como nos hace olvidar el color de las fachadas, la upresencia de un monumento, la permanencia de un establecimiento, etc. Hemos automatizado nuestros movimientos: no miramos, ni olemos, ni registramos todos los cambios que se han producido a nuestro alrededor.

En el caso de las flores, los arbustos y los árboles tal cosa sucede mucho más a menudo por una sencilla razón: no hubo una percepción inicial de su existencia,  nadie nos señaló tal o cual planta y nos dijo algo memorable sobre ella. No tenemos “noticia” original acerca de su presencia y del significado de ésta.

Sin embargo, incluso la rutina diaria “amnésica” nos puede ayudar a percibir transformaciones. De repente algo nos hace reparar en que un árbol no estaba ahí o no de esa forma (por ejemplo, en plena floración).

Podemos aprovechar nuestro desconocimiento para sacar a flote una nueva intención,  una vivencia novedosa. Tenemos vista, olfato, tacto… percibimos el movimiento del viento entre las hojas de una desconocida melia… y podemos interesarnos por ese ser que a lo largo del año nos hará partícipes de sus novedades.

Nunca es tarde para recrearnos en el placer de conocer y reconocer ese ámbito ciudadano en el que parecía no haber lugar para las novedades.

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CAPILLA DE LOS CORPORALES DE LA COLEGIATA MAYOR DE DAROCA. ICONOGRAFÍA

En la capilla de los Corporales de Daroca
En la capilla de los Corporales de Daroca

En la Capilla de los Corporales de la Colegiata Mayor de Daroca  se cuentan por docenas los animales y los vegetales que adornan esa maravilla sin igual. Quienes se acercan a la Colegiata Mayor suelen entrar a esa Capilla por razones perfectamente defendibles pero en su obsesión o en su concentración apenas reparan en todo lo que allí se ofrece a la vista y a la inteligencia. Como mucho escuchan que en las bóvedas hay ángeles músicos con instrumentos medievales cuya iconografía es tan notable como valiosa.

Sería precisa la edición de una guía que mostrara y explicara el sentido de la presencia de las hojas, las flores, los frutos, los animales reales y fantásticos, la relación de toda esa constelación artística tan bella con la instrucción sobre la vida y sus misterios.

Otro rato hablaremos de la Portada del Perdón de esta misma Colegiata Mayor de Daroca, en la que una planta representada en dos capiteles nos da la clave del sentido de toda la obra de arte allí expuesta.